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28 feb 2011

CITY LIGHTS BOOKSTORE



Para Borges el paraíso era un biblioteca. A veces pienso que una librería en llamas es lo más cercano al paraíso.  Lo más cercano al infierno, una librería en desorden.  Me dice un anciano librero que cualquier librería es la ruta más breve para el olvido. No tengo grandes recuerdos de las grandes librerías. Se ven demasiado pulcras, cuidadosamente clasificadas y fumigadas.

Prefiero aquellos estrechos locales de libros de segunda: su aroma de pan de ayer para degustar con un vino de corcho. Adoro esos obeliscos de libros de lomos gastados y pastas brillosas. Libros, libros, libros. Libros por montañas en mesas que a duras penas los resisten. Libros que han pasado la prueba de otras lecturas, subrayados para devorarlos mejor.

De otra parte, sólo una librería en San Francisco, California, pasa la prueba de las grandes librerías. En realidad porque siempre ha sido un patrimonio de poetas sin trabajo. Una biblioteca en venta. El otro paraíso de Borges, un infierno con su aviso bocabajo en el pavimento mojado.

15 feb 2011

ANDREA COTE SE MUERDE LAS UÑAS




Un día me encontré a la poetisa en la Notaría Primera del Círculo de Bogotá. No sabía que las poetisas podían ser bellas. Tenían muchas un gesto despectivo, una mirada de rara avis a punto de sacarte los ojos. Por lo general, mujeres más bien feas, hombronas, desaliñadas, como si la poesía la llevaran muy por dentro, bien escondida entre la cal de los huesos. Y hechas de escombros de otras mujeres menos sensibles, más femeninas, menos pálidas por efecto de la rima asonante o consonante.

Si bien yo había leído sus versos, sólo hasta el final supe que se trataba de ella. No supe si felicitarla por ser bella, es decir por ser poema, para recordar al viejo Becquer. No supe si celebrar sus demás poemas, de los cuales no recordaba ni medio verso. La poetisa se mordía las uñas, se ruborizaba de una manera extraña, se pasaba la lengua por los labios que ya parecían de papel. Estaba viva, a mi lado. Olía a mujer, a humo de las puertas de Troya. Me parece que hablaba por hablar, como cualquier muchacha de barrio puesta en perspectiva. 

Esa tarde me enseñó que la labor de una mujer es ser ventana y no puerta. Ella me dejó mirar a través de sus palabras, de sus ojos, de sus manos de uñas despintadas, frente al Eje Ambiental a las cinco y media de la tarde, cuando al fin nos renovaron el contrato para seguir escribiendo estas líneas. Y para abrir esta puerta que da directamente a su ventana, ahora que me vengo a enterar que ha movido su pluma y su maleta y su pesado bolso con un cuadro de Van Gogh impreso en los costados, rumbo a Nueva York.

16 ene 2011

JAGGER AL OÍDO




Me quedo con los dinosaurios. Son los mejores. Mi simpatía por el demonio empieza con ellos, termina con ellos, a pesar de mis adicciones y afectos góticos, del tipo The Cure o Amy Lee. Cuando los dinosaurios suenan, los otros monstruos se ocultan, las estrellas más altas se caen de su peso, los cuervos esperan de pie la caída de la noche. Basta la guitarra del viejo Keith Richards. Un puñado de acordes, como quien lanza arroz a las palomas del futuro. Basta la voz ronca, de gato viejo y hambriento sobre los tejados del verano, del gran Mick.

Lo demás es plagio, sampleo. Conscientes juegos de amnesia. En el mejor de los casos, un homenaje más... ¡Porque cuando los Stones suenan sobre la piel de las cosas, el precio que deben pagar los dioses ya es otro! ¡Las piedras ruedan hechas dialectos de las estrellas! ¡Luz de dinamita! ¡Colores de otros muchos mundos!

31 dic 2010

MUJERES NEGRAS



Me encantan las negras. Su boca para pronunciar todas las vocales en una, su belleza obscena, su juiciosa vocación por los asuntos de la carne. Las tetas de las negras me llenan la boca de un sabor de agua de coco. Sus caderas mantienen el equilibrio del mundo. Ponerse a andar a su lado tiene su riesgo, pero vale la pena hacerlo.  Entretanto, deambulo por calles y playas mirando negras. Negras a izquierda y a derecha. Negras al sol y al agua. Sus cuerpos me miran con todos los poros de la piel. 

Amar a las negras no es otra obsesión personal. Es un ejercicio de libertad de los sentidos. Es abrir una jaula para que huyan los pájaros de la otra esquina del arco iris. Es caminar de frente hacia el mar, invocando sus diosas de nichos de corales. Por supuesto que hay negras de negras. Las negras niñas, con senos como botones, sin querer me acarician con su aliento. Las negras maduras, de senos grandes, me hacen pensar no en la leche, sino en la espesa brea que les burbujea por dentro, que se les mete entre las venas y el corazón, y les brota como una señal de lujuria en su mirada.

Todos ellas, sin excepción, son briznas al viento, son lunas reflejadas en el agua, son semillas en trance, son cifras sin escritura. Todas ellas van desnudas con ropa o sin ella, desafiando el sol. Beben sus rayos, uno a uno, de nacimiento. No les importa la candente sombra y sus lujurias. Son dueñas de cada pliegue y repliegue de cada fruta, de cada hoja seca que se deshace bajo sus pies. Mientras tanto yo voy siempre vestido, sin más pertenecencias. Creo que a Rembrandt le faltó pintar el pubis de una negra virgen, sus múltiples espectros.

17 dic 2010

C.R.I.S.I.S.



Hoy, como todos los días, alguien me dice al oído que el capitalismo está en crisis. Luego pide una bebida cola. Y almuerza con una humeante hamburguesa, con mucha salsa de tomate y mostaza americana. Y se va de compras al supermercado, retira algo de dinero del cajero automático. Mañana otro personaje me dirá confidencialmente que el capitalismo está en cuidados intensivos: terminal. Su esposa lo llamará al celular para recordarle la asistencia al baby shower de la prima rica. La charla termina cuando recuerda que además debe comprar las bolas para el árbol de navidad y el Nintendo para su hijo menor.

Mi explicación de economista es que el capitalismo nace en crisis, vive en crisis, se alimenta de crisis cada vez más gordas, cada vez más rentables y productivas. Todos los días los actores económicos despiertan con todos y cada  uno de los demonios metidos por dentro. La magia es precisamente esa: el desequilibrio nuestro de cada día, la transacción que nos falta por realizar: aquel cobro de un cheque por ventanilla, el pago del arriendo del apartaestudio, la factura de la lavandería, los tenis Converse de estrellitas amarillas, el shampoo importado de David... 

El capitalismo, en últimas, se alimenta de todos tus gusanos.