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15 nov. 2018

LA DANZA DE LOS NEUTRONES



Un profesor de física cuántica a su mejor alumna: 
¿Tienes idea de la danza de los neutrones? Probablemente, no... Se trata de dos núcleos de estrellas que han colapsado y, sin embargo, gravitan en un mismo entorno. Si por casualidad llegan a acercarse, bien puede ocurrir una explosión que signifique la aparición de un agujero negro, de modo que ni la luz pueda escapar de sus dominios... Y entonces qué me dices..., ¿bailamos ésta pieza o la siguiente?

20 sept. 2018

TATUAJES




Hay mujeres que invocan menudos palimpsestos. Uno mira con inquietud sus espaldas, sus ombligos, sus tobillos. A veces resulta necesario hablar con la propietaria acerca de su catálogo. La charla suele ser mucho más emocional y anecdótica, antes que reveladora de misterios. En el mejor de los casos, se habla de símbolos vikingos, célticos o góticos. En el peor de los casos, de nombres desteñidos de amantes caducos. Alguna vendedora de supermercado da la impresión de no tener más cerebro que el de las mariposas en blanco y negro del costado izquierdo de su cuello. Unas mariposas inacabadas, de decoración de lámpara china de baratillo de árabes. 

Otra cosa es hacer el amor con una maga de oscuridad en noche de viernes. Ella se desnuda. Así queda mejor vestida. Su sonrisa es más coherente si va acompañada de alfabetos druidas, rúnicos o quechuas. A uno no le queda más remedio que tirar las armas y el escudo. Y recorrer el trayecto a tientas, cerrando los ojos para abrirlos en inquietantes coordenadas, dejando de paso que la piel le arda entre las costuras de sus ancestros, sangre arriba, para pensar de nuevo en Rilke. Uno conquista su reflejo en los espejos cuando tiene sexo con una mujer de prodigiosos agregados de tinta en la piel. Me arriesgo a decir que muy pronto será una cultura dominante en la cama de los latinoamericanos.

1 ago. 2018

EL NOMBRE DEL TIRANO




Un poeta nicaragüense recomendaba no citar jamás el nombre del tirano, por temor a eternizarlo. Las antologías de poesía de la época dan cuenta de este consejo singular. Obrando en consecuencia, no voy a decir el nombre del tipo. Se sabe que es alto como una puerta, que fue conductor de autobús, que probablemente nació en Colombia. Acaba de eliminarle cinco ceros a su moneda nacional, el bolívar, para acabar con la pobreza de un empujón. Antes había pensado en eliminar tres ceros, pero a último momento y en su espesa sabiduría, decidió que fueran cinco a la derecha.

No quiero denunciar nada, llover sobre mojado. Simplemente diré que en mis viajes de nómada, en mis indagaciones de aventurero inoficioso, cada día me encuentro con nuevas prostitutas venezolanas. Son chicas jóvenes, de miradas sinceras y sonrisas honestas. Vienen huyendo, en busca de una opción de vida. Su frágil belleza no necesita carta de presentación en ninguna parte. No venden su cuerpo, sino su luz natural. Giran el dinero a sus familias y esperan sin desesperar las últimas noticias.

Son legiones. Me las he cruzado en calles, bulevares y bares de Cali, Pereira, Ibagué,  Villavicencio y Acacías. Las he visto al sol y al agua en el Parque de La Mariposa, en el populoso sector de San Victorino, en Bogotá. Allí una espigada morena caraqueña fue salvajemente golpeada por siete mujeres. Estaban molestas, pues venía cobrando menos de la mitad. Según ellas, estaba regalando su trabajo. Esa noche la mandaron sin zapatos de fantasía a su cuarto del sector. No regresó en los días que vinieron. De seguro, buscó otra plaza más segura, un reservado de barrio, una cantina de sótano, una discoteca de segundo piso.

Ni siquiera sé cómo voy a terminar esta entrada de blog. La sangre se me sube a la calva cabeza, se me diluyen las ideas. He pensado que algún futuro Nobel de economía podría cranearse un índice alternativo de prostitución regional, a partir de un estudio econométrico sobre las dictaduras. Algo tan plausible y pertinente como el índice Big Mac de la revista The Economist. Por cierto, la pregunta de hoy es la misma del mes pasado, del año anterior: ¿Hasta cuándo seguirá gobernando este pobre diablo sin segundo apellido? ¿Tuvo alguna vez una hija, una sobrina, una prima? ¿Acaso nació sin necesidad ser concebido, por obra y gracia de El Altísimo? ¿Y los poetas? ¿Qué se hicieron los poetas de la patria vecina? ¿Alguien sabe, nos da cuenta de sus más recientes versos? 


7 jul. 2018

EL POEMA DE NEWTON




Isaac Newton publicó en 1687 su libro Philosophiae Naturalis Principia Mathematica. El gran genio inglés estaba muy equivocado. Pensaba que había escrito un ensayo matemático, cuando en realidad había concebido otro libro de poemas de amor. Eso sí, no podemos negar que se trata de unos de los poemarios de amor más contundentes, apenas por debajo de El Cantar de Los Cantares y el Majabhárata. Es algo complicado resumir el texto. Digamos, pues, lo esencial de su elaborada argumentación. Newton afirmó que la fuerza con que se atraen dos cuerpos de diferente masa solamente depende del valor de sus masas y del cuadrado de la distancia que los separa. Para grandes distancias, tal fuerza obra de forma aproximada a si la masa de los dos cuerpos estuviese concentrada en su centro de gravedad, un punto fijo. Algo  acaso equivalente al corazón de los humanos.

Crero que ya es hora de decirlo sin mirada alucinada y en tiempo real. Las Leyes de Kepler, los trabajos de Hooke, la Teoría de Einstein, las paradojas, contraparadojas, postulados y corolarios de otros tantos científicos, no son más que eso: poemarios de amor disfrazados de tesis matemáticas y físicas. No obstante, hay que ver que los matemáticos puros desprecian abiertamente la poesía, del mismo modo que los buenos poetas miran con horror verdadero los libros y cuadernos de matemáticas. Esto no es más que soberbia ladina de iniciados, vanidad de prestidigitadores de feria, supremo error de semidioses en busca de su propia definición.

La verdad es otra, como siempre, muy distinta a la que creemos captar con nuestros planos sentidos. Poetas y matemáticos son naranjas de un mismo costal, criaturas de sangres paralelas. Casi podría citar ya mismo a Pitágoras de Samos, pero no. Mejor así. Mejor darme el lujo de compartir este misterio a medias. En esta precisa línea es necesario señalar que, aunque se comporten como campos excluyentes y apáticos, el arte y la ciencia comparten una misma manera de ver el mundo. Los polos opuestos se atraen. Esto para no entrar en los terrenos, cada vez más sugestivos y literarios, de la geometría. Esto es, del número áureo. En otras palabras, la razón dorada, la proporcionalidad divina. Algo acaso equivalente al sexo de los humanos.