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17 jul 2011

ARTE DE SER MEDIOCRE





Me han dicho mil y un veces que soy mediocre. Profesor mediocre, economista mediocre, escritor mediocre. Amante mediocre. No es que me guste, tampoco es que estén equivocados. La vez que mi madre me llamó mediocre en tres ocasiones consecutivas, sentí que me estaba imponiendo un secreto de familia. No un estigma. Casi una condecoración, una responsabilidad de marca mayor. Porque ser mediocre es vivir lo particular, antes que lo universal. Ser mediocre es atreverse a mirar el sol de mediodía con los mismos ojos de anoche. Ser mediocre es no dejar de soñar despierto. Y además preguntarse en voz alta si alguien más sueña a tu lado.

Ser mediocre es un arte difícil. Ser mediocre es algo parecido a dejarse echar de un empleo como un perro. Ser mediocre es no estar ni atrás ni adelante. Es hacer esfuerzos, jadear sin sudar. En un mundo en el cual todos están llamados a ser exitosos, ser mediocre es casi un apostolado. Una transparencia a toda prueba. Pero hay una forma peor de ser mediocre, o más sublime. Consiste en ver pasar a la mujer de los sueños y no decirle nada, por temor a parecer otro mediocre de la fila.

Dejemos pues que otros escalen posiciones, nosotros gocemos la vida. Hagamos de la mediocridad una bandera. Un estandarte, sin falsos heroísmos. Hay que tener sangre fría para ganarse el apelativo de mediocre sin perder la desverguenza ni el instinto. Ya en lo personal, sólo quisiera ser recordado algún día como el Ed Wood de la literatura latinoamericana. ¡Y eso ya es decir bastante!

4 may 2011

AGUAS NEGRAS DEL CAPITALISMO


Los niños de hoy toman Coca Cola antes de abrir los ojos. Yo moriré ahogado en sus burbujas. No imploro protección: vivo poseído por sus demonios, particularmente en su formato de 350 ml. Ni siquiera son demonios: son ángeles ebrios de amnesia.

Tampoco se culpe a nadie. No hay sindicalista que no  haya bebido este jarabe para la sed, como quien lanza la primera piedra al cristal del Sun Trust Bank Building de Atlanta. Creo haber visto, con mis ojos que un día van a ser cremados, una fotografía del Che fumando  un Lucky Strike a lo James Dean. No me extrañó descubrir, esta mañana, otra en la que aparece tomando una Coke con pitillo bajo el sol ardiente de La Habana a mediodía.

Vale la pena recordar una anécdota. Cuando los revolucionarios de la Vieja Habana se tomaron la embotelladora, comprobaron con estupor que estaban en poder de un millón de botellas vacías hasta la última gota. Faltaba el ingrediente básico, la fórmula que se encontraba en USA, en una urna secreta, al final de unos escalones de mármol. 


Hoy se sabe que los hombres aguerridos de Fidel hervían de sed, de fatiga, de mil cosas más. Ernesto Guevara de La Serna, en su carácter de Ministro de Industria, se devanó los sesos unas cuantas noches. Sin rasgo de vacilación propuso fabricar un sustituto. El Che murió y en poco tiempo ha de morir Fidel, sin cubana Coca Cola.

¡Por fortuna, nos queda el Cuba Libre!



25 abr 2011

PORNO PARA DUMMIES



¡Luces, cámara, acción! Desde Garganta Profunda hasta María Magdalena, el porno rasguña una categoria estética. La piel se hace fuego que alumbra patios interiores. Los carbones fálicos, la caverna dispuesta a soportar más calor. Allí no hay discurso humano, si acaso aleaciones de sudores, riffs de la sangre metida debajo de las uñas. Todos hemos curado esa ansiedad, mirando porno. Nacho Vidal siguió con su oficio de repartidor de pizza. La Ciciollina no acaba de rememorar sus mejores polvos en Hamburgo.

El porno es una plegaria oscura en nombre de un dios que todavía desconocemos. Ni Huxley ni Cioran ni Susan Sontag se pronunciaron acerca de sus manifestaciones. Angelina Crow, Michelle Wild, Jennifer Stone tienen mucho más que decir, sin necesidad de pronunciar palabra alguna. Ellas van más allá de la gramática y de la sintáxis, de la fonética y de la pragmática. Son así de sencillos, aunque no simples, sus exhaustivos libretos. Nada más que presencia de la carne en la extensión de la palabra, vista con los ojos de la carne, detrás de la lente maravillada de la cámara.  

Es así que acudimos al porno para santificar los días en blanco del desempleo. Para abrigarnos mejor a solas en largas noches de lluvia. Para salirnos de la rutina de las camas bien tendidas, de los diálogos aprendidos, de los ángulos permisibles. Y así, para combatir el trauma de la hora pico de las efervescentes feromonas, una vez más acudimos a sus demonios, que en realidad sólo son legiones de ángeles sin memoria. Navegamos en sus aguas reflejas. Volvemos a ser lo que somos, animales atrapados en las costuras de las más bajas pasiones. Después recobramos la mirada limpia. Esta suerte de conciencia ciudadana, de criterio ilustrado, de sadismo de uñas cortas. Volvemos a la compostura de los buenos días, las buenas noches, etc.

28 feb 2011

CITY LIGHTS BOOKSTORE



Para Borges el paraíso era un biblioteca. A veces pienso que una librería en llamas es lo más cercano al paraíso.  Lo más cercano al infierno, una librería en desorden.  Me dice un anciano librero que cualquier librería es la ruta más breve para el olvido. No tengo grandes recuerdos de las grandes librerías. Se ven demasiado pulcras, cuidadosamente clasificadas y fumigadas.

Prefiero aquellos estrechos locales de libros de segunda: su aroma de pan de ayer para degustar con un vino de corcho. Adoro esos obeliscos de libros de lomos gastados y pastas brillosas. Libros, libros, libros. Libros por montañas en mesas que a duras penas los resisten. Libros que han pasado la prueba de otras lecturas, subrayados para devorarlos mejor.

De otra parte, sólo una librería en San Francisco, California, pasa la prueba de las grandes librerías. En realidad porque siempre ha sido un patrimonio de poetas sin trabajo. Una biblioteca en venta. El otro paraíso de Borges, un infierno con su aviso bocabajo en el pavimento mojado.

15 feb 2011

ANDREA COTE SE MUERDE LAS UÑAS




Un día me encontré a la poetisa en la Notaría Primera del Círculo de Bogotá. No sabía que las poetisas podían ser bellas. Tenían muchas un gesto despectivo, una mirada de rara avis a punto de sacarte los ojos. Por lo general, mujeres más bien feas, hombronas, desaliñadas, como si la poesía la llevaran muy por dentro, bien escondida entre la cal de los huesos. Y hechas de escombros de otras mujeres menos sensibles, más femeninas, menos pálidas por efecto de la rima asonante o consonante.

Si bien yo había leído sus versos, sólo hasta el final supe que se trataba de ella. No supe si felicitarla por ser bella, es decir por ser poema, para recordar al viejo Becquer. No supe si celebrar sus demás poemas, de los cuales no recordaba ni medio verso. La poetisa se mordía las uñas, se ruborizaba de una manera extraña, se pasaba la lengua por los labios que ya parecían de papel. Estaba viva, a mi lado. Olía a mujer, a humo de las puertas de Troya. Me parece que hablaba por hablar, como cualquier muchacha de barrio puesta en perspectiva. 

Esa tarde me enseñó que la labor de una mujer es ser ventana y no puerta. Ella me dejó mirar a través de sus palabras, de sus ojos, de sus manos de uñas despintadas, frente al Eje Ambiental a las cinco y media de la tarde, cuando al fin nos renovaron el contrato para seguir escribiendo estas líneas. Y para abrir esta puerta que da directamente a su ventana, ahora que me vengo a enterar que ha movido su pluma y su maleta y su pesado bolso con un cuadro de Van Gogh impreso en los costados, rumbo a Nueva York.