Periodismo sin mayor intención. Minicrónicas atípicas o anómalas, a partir de todos aquellos que no tienen voz mediática. Fracasados, marginales, vagabundos, tribus urbanas, LGBTIXYZ, etc.
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26 jul 2012
5 jul 2012
LA SOLEDAD DE UNA STRIPPER
Extraño esos tiempos en que visitábamos teatros en ruinas para ver mujeres desnudas. Por lo general una cuarentona en desuso, bailando un ritmo popular. Como en un cuento de Bukowski, se despojaba de un traje negro enterizo, que iba dejando ver sus adiposidades y otras señales, tales como la de alguna cicatriz de operación o pelea callejera. Los muchachos de la época nos mezclábamos con los viejos impotentes de la época para hacer barra a la nudista de turno. No era tanto el morbo individual, sino el gozo comunitario lo que más nos excitaba a todos.
Hoy la puesta en escena ha cambiado. Se ha privatizado. Y no por culpa de las terribles multinacionales o de las políticas públicas neoliberales, últimamente tan de capa caída. Pero quizás las redes sociales nos han llevado de la mano a otro tipo de desnudismo.
Hoy el lugar es un bar muy estrecho, lleno de espejos y mesas de vidrio y aluminio. Todo brilla. Uno debe esperar a perder a ceguera. La chica, muy operada, se le ofrece al entrar. Si uno accede, se le desnuda enfrente, casi encima. Los otros tipos miran de lejos. A veces ella se quiere acostar con uno. La mayoría de las veces no. Se marcha a casa envuelta en un abrigo de piel, de marquilla china.
No he vuelto a ese tipo de show, donde la soledad es la otra marca. No queda un rastro de lujuria comunitaria, de marxismo sexual. Ningùn aroma pesado. Nada se pudre allí, en ese cielo. Nadie grita el nombre mundano de Dios. Ni siquiera eso!
Hoy el lugar es un bar muy estrecho, lleno de espejos y mesas de vidrio y aluminio. Todo brilla. Uno debe esperar a perder a ceguera. La chica, muy operada, se le ofrece al entrar. Si uno accede, se le desnuda enfrente, casi encima. Los otros tipos miran de lejos. A veces ella se quiere acostar con uno. La mayoría de las veces no. Se marcha a casa envuelta en un abrigo de piel, de marquilla china.
No he vuelto a ese tipo de show, donde la soledad es la otra marca. No queda un rastro de lujuria comunitaria, de marxismo sexual. Ningùn aroma pesado. Nada se pudre allí, en ese cielo. Nadie grita el nombre mundano de Dios. Ni siquiera eso!
13 jun 2012
LAS FLACAS DE BOTERO
Las gordas de Botero son muy, pero muy flaquitas. Lo que pasa es que tienen un corazón muy grande, que amenaza con reventarles el pecho. Unas aurículas llenas de burbujeante lujuria tropical. Ya lo dijo el propio Fernando: tan sólo pinto volúmenes. Todo es culpa de quien se atreve a mirar a sus personajes con ojos de mezquindad occidental. Porque antes se hace preciso establecer esa distancia necesaria entre la extensión primitiva contada por el pintor y la extensión cartesiana vivida por el espectador.
Confieso que no soy de los tipos a los que les gustan las gordas. Todas están llenas de burocracia, de pereza ancestral, de muy pocas ganas de hacer el amor en otra posición. Una gorda es sospechosa de algo turbio, digna de desconfianza por donde se la mire. Su piel no exhala tibieza líquida, sino humor de vela de cebo y manteca porcina insaturada. Una gorda siempre está metida en chismes y consejas de cocina. Siempre está espiando como un búho desplumado a las parejas en los parques y en los cinemas. Y siempre está mirándose las llantas, de reojo en el espejo, en busca del milagro que nunca ha de llegar. No ignora que su mejor epitafio es el más simple: "Campo de trabajos forzados para gusanos".
Las gordas de Botero son distintas. A estas gordas uno las ve por primera vez y las recuerda para toda la vida. Son unas tipas sensuales. No pesan un solo gramo en el recuerdo, no se infiltran con sus praxis conspirativas entre las fisuras del insomnio. Levitan ellas, felices, bajo un cielo de caricatura. Viven su prodigiosa eternidad a cuentagotas. No nos estorban para nada. Adornan con sus redondeces el mundo de todos los colombianos con problemas de nutrición y dialogan en clave con la lluvia y el relámpago de nuestros antepasados indígenas.
Uno de solterón quisiera cumplir el sueño de hacer el amor con una gorda de Botero. No tomarse siquiera el trabajo de seducirla. No dejarla pensar, mucho menos respirar. Tomarla de frente y por asalto, reventando una a una las pepas blancas de su vestido de tafetán rosado. Morderle los labios hasta hacerlos sangrar mermelada de frambuesa. Y hacerle el sexo, en cambio del amor, dejando suficiente espacio para que hacia la medianoche sea la misma gorda quien le de la vuelta al ajedrez carnal. Y que de un solo empujón le haga doler a uno el hueso del amor en lo profundo. Y oír crujir, saltar en astillas el calcio ferviente, el blanco a oscuras del comúnmente denominado "hueso isquión".
Uno de solterón quisiera cumplir el sueño de hacer el amor con una gorda de Botero. No tomarse siquiera el trabajo de seducirla. No dejarla pensar, mucho menos respirar. Tomarla de frente y por asalto, reventando una a una las pepas blancas de su vestido de tafetán rosado. Morderle los labios hasta hacerlos sangrar mermelada de frambuesa. Y hacerle el sexo, en cambio del amor, dejando suficiente espacio para que hacia la medianoche sea la misma gorda quien le de la vuelta al ajedrez carnal. Y que de un solo empujón le haga doler a uno el hueso del amor en lo profundo. Y oír crujir, saltar en astillas el calcio ferviente, el blanco a oscuras del comúnmente denominado "hueso isquión".
Y finalmente hacerse uno polvo en el polvo, al filo del polvo.
4 may 2012
EL ANGEL DE ALEISTER CROWLEY
Era el brujo favorito de Black Sabbath y, en
general, de los rockeros. Sabios de avanzada como Led Zepellin y Jimmy Page lo
vieron como su maestro. Hasta el vago de
Ozzy Osbourne le compuso una plegaria, una canción llamada Mr. Crowley. No
sobra decir que los angelicales Beatles le rindieron homenaje en la portada de
Sargent Pepper's. Aquel año vendieron más de lo que esperaban, merced a este
contrahechizo. Hoy debemos
responsabilizar a su señora madre, que alcanzó a nutrirlo con su leche
antes de morir. A esa anónima señora debemos la sangre azul, entre comillas,
del gran mago de Boleskine.
Lo que sigue es historia, material de enciclopedias temáticas. Lo que nos asalta a continuación es un buen puñado de interrogantes. ¿Hay alguien
que haya seguido su camino? ¿Quedan más opciones para los aburridos detractores de Dios?
¿En qué momento un brujo se vuelve una marca de moda? ¿Debemos desayunar con café con leche y además agradecer a Lucifer por el día
que empieza? ¿No son acaso los ángeles simples demonios enfermos de
amnesia?
Sea como sea, yo sigo hojeando su Libro de la Ley.
¡No quiero mendigar otra resma de papel en la cual imprimir mi cadáver urgente
de escritor anónimo! ¡Quiero ganar cuerpo astral de apostador de Las
Vegas! ¡Quiero la virginidad de una viuda millonaria, sin hijos y menor de cuarenta
años! Quiero suicidarme riendo a carcajadas! ¡Quiero experimentar un milagro imposible en
el Milenio de La Nueva Oscuridad!
18 abr 2012
TETAS FACTORY
Tuve una mujer que se operó los senos a última hora. Tuve otra que ya venía operada con el dinero de su marido muerto, nada fuera de lo común por estos días. Encontrar a mi última novia con los senos normales, fue toda una revelación poética. Su fealdad natural me encantó a primera vista. Una típica Eva en sus pelos menores, toda una virgen del quirófano.
Pero el motivo de estas líneas es otro. No hay nada más horrible que esas tetas de quirófano, esos globos estándar de gelatina sin sabor, vulgar silicona encapsulada que brinca cuando intentas atraparlos con los labios o con los dedos. En el supermercado o a la salida del banco, a la hora pico y bajo la lluvia, saltan dos inmisericordes pelotas de carne delante de algunas orgullosas mujeres. Me producen estupor, ganas de correr, más que lujuria primitiva. Uno tiene miedo de que puedan estallar en cualquier momento y producir una tragedia de incalculables proporciones.
No tengo nada contra las chicas y damas de sostén talla 38 B, siempre y cuando sean naturales. Al fin y al cabo, la personalidad de una mujer se mide en nuestro mundo light por el tamaño de sus senos y la curva de su trasero. Lo demás es talento natural. La verdad es que me conformo con unas tetas lisas, pequeñas, de bajo perfil. Me he vuelto condescendiente y tolerante a la hora de elegir una compañera de pecho. A este extremo he llegado. Un punto adicional, nada despreciable. Las mujeres de tetas pequeñas no sólo son mejores amantes, sino que se contentan con una bonita blusa estampada o con bordados, en promoción...
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