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31 ago 2011

LA PARADOJA DE VINICIUS



Existen mujeres que son la ruta para llegar a otras mujeres. Todas lo son, pero algunas en mayor medida. Son como los avisos luminosos en la carretera cuando la niebla espesa. Ellas te guían los pasos, te libran de un precipicio para acaso enviarte a otro. Uno está junto a ellas, ríe a carcajadas, duerme con ellas. Más o menos conforme, pensando en la que ha de venir. Uno nunca les agradece a todas las anteriores, las que le abrieron el paso a su reina de la baraja. Tampoco hay mucho tiempo de volver a tratar el tema.

Hoy por hoy, el aroma de las relaciones amorosas es más bien de despedida. Lo dijo el poeta Vinicius de Moraes: el amor es eterno mientras dura. Uno lo presiente, a veces. El momento llega, cada quien dice adiós o no dice nada. No pocas veces resulta ser una referida de la anterior mujer, una paciente de su consultorio privado, una prima lejana de su media hermana. Una trigueña de bellas facciones y zapatos a la moda. Uno se precipita en esta nueva autopista, en esta otra mujer, tan definitiva, tan exacta. Llega en su momento, también se ha de marchar en su momento. Porque las cosas no suceden ni pronto ni tarde, sino cuando simplemente han de suceder.

Y uno vuelve al camino que anochece, observa las señales.

25 jul 2011

UNA ÑERA LLAMADA AMY WINEHOUSE



Hay mujeres horriblemente hermosas. Uno las mira, pero no las quiere poseer. Amy era una de ellas. Me impresionaban sus orejas de elfo, su sonrisa incompleta, su cicatriz de la ceja partida. Todas esas verdades callejeras en un solo rostro. Karmas tan bien asumidos. Y esos tatuajes grabados sobre una piel que nunca dejó de enflaquecer. Debo decir que sus presentaciones me obligaban a tener sueños raros, mitad pesadilla, mitad ensueño. Nunca logré descifrar el código de otra belleza. Belleza que, como en Rilke, se ubica en el peldaño anterior a lo terrible.

Ahora no me cabe menor duda. Amy confirma a la perfección la teoría de que las reglas se hicieron para ser violadas. Sin proponérselo, hizo suya esa frase de Iris: "Cuando no estoy drogada, no tengo a donde ir". Desde muy temprano supo que las musas no eran tan frecuentes con los humanos. Se hundió llevada por el peso de sus anillos de grandes piedras de colores. Se marchó a otro escenario con su intolerancia tan cierta y tan honesta. Hoy el mundo no llora la muerte de otro maniquí. Acaso la inexistencia de una forma de la disipación. Porque no era la diva, la estrella, la celebridad, sino la drogadicta con voz de contralto y facciones de puta enardecida por la música de las esferas.

17 jul 2011

ARTE DE SER MEDIOCRE





Me han dicho mil y un veces que soy mediocre. Profesor mediocre, economista mediocre, escritor mediocre. Amante mediocre. No es que me guste, tampoco es que estén equivocados. La vez que mi madre me llamó mediocre en tres ocasiones consecutivas, sentí que me estaba imponiendo un secreto de familia. No un estigma. Casi una condecoración, una responsabilidad de marca mayor. Porque ser mediocre es vivir lo particular, antes que lo universal. Ser mediocre es atreverse a mirar el sol de mediodía con los mismos ojos de anoche. Ser mediocre es no dejar de soñar despierto. Y además preguntarse en voz alta si alguien más sueña a tu lado.

Ser mediocre es un arte difícil. Ser mediocre es algo parecido a dejarse echar de un empleo como un perro. Ser mediocre es no estar ni atrás ni adelante. Es hacer esfuerzos, jadear sin sudar. En un mundo en el cual todos están llamados a ser exitosos, ser mediocre es casi un apostolado. Una transparencia a toda prueba. Pero hay una forma peor de ser mediocre, o más sublime. Consiste en ver pasar a la mujer de los sueños y no decirle nada, por temor a parecer otro mediocre de la fila.

Dejemos pues que otros escalen posiciones, nosotros gocemos la vida. Hagamos de la mediocridad una bandera. Un estandarte, sin falsos heroísmos. Hay que tener sangre fría para ganarse el apelativo de mediocre sin perder la desverguenza ni el instinto. Ya en lo personal, sólo quisiera ser recordado algún día como el Ed Wood de la literatura latinoamericana. ¡Y eso ya es decir bastante!

4 may 2011

AGUAS NEGRAS DEL CAPITALISMO


Los niños de hoy toman Coca Cola antes de abrir los ojos. Yo moriré ahogado en sus burbujas. No imploro protección: vivo poseído por sus demonios, particularmente en su formato de 350 ml. Ni siquiera son demonios: son ángeles ebrios de amnesia.

Tampoco se culpe a nadie. No hay sindicalista que no  haya bebido este jarabe para la sed, como quien lanza la primera piedra al cristal del Sun Trust Bank Building de Atlanta. Creo haber visto, con mis ojos que un día van a ser cremados, una fotografía del Che fumando  un Lucky Strike a lo James Dean. No me extrañó descubrir, esta mañana, otra en la que aparece tomando una Coke con pitillo bajo el sol ardiente de La Habana a mediodía.

Vale la pena recordar una anécdota. Cuando los revolucionarios de la Vieja Habana se tomaron la embotelladora, comprobaron con estupor que estaban en poder de un millón de botellas vacías hasta la última gota. Faltaba el ingrediente básico, la fórmula que se encontraba en USA, en una urna secreta, al final de unos escalones de mármol. 


Hoy se sabe que los hombres aguerridos de Fidel hervían de sed, de fatiga, de mil cosas más. Ernesto Guevara de La Serna, en su carácter de Ministro de Industria, se devanó los sesos unas cuantas noches. Sin rasgo de vacilación propuso fabricar un sustituto. El Che murió y en poco tiempo ha de morir Fidel, sin cubana Coca Cola.

¡Por fortuna, nos queda el Cuba Libre!



25 abr 2011

PORNO PARA DUMMIES



¡Luces, cámara, acción! Desde Garganta Profunda hasta María Magdalena, el porno rasguña una categoria estética. La piel se hace fuego que alumbra patios interiores. Los carbones fálicos, la caverna dispuesta a soportar más calor. Allí no hay discurso humano, si acaso aleaciones de sudores, riffs de la sangre metida debajo de las uñas. Todos hemos curado esa ansiedad, mirando porno. Nacho Vidal siguió con su oficio de repartidor de pizza. La Ciciollina no acaba de rememorar sus mejores polvos en Hamburgo.

El porno es una plegaria oscura en nombre de un dios que todavía desconocemos. Ni Huxley ni Cioran ni Susan Sontag se pronunciaron acerca de sus manifestaciones. Angelina Crow, Michelle Wild, Jennifer Stone tienen mucho más que decir, sin necesidad de pronunciar palabra alguna. Ellas van más allá de la gramática y de la sintáxis, de la fonética y de la pragmática. Son así de sencillos, aunque no simples, sus exhaustivos libretos. Nada más que presencia de la carne en la extensión de la palabra, vista con los ojos de la carne, detrás de la lente maravillada de la cámara.  

Es así que acudimos al porno para santificar los días en blanco del desempleo. Para abrigarnos mejor a solas en largas noches de lluvia. Para salirnos de la rutina de las camas bien tendidas, de los diálogos aprendidos, de los ángulos permisibles. Y así, para combatir el trauma de la hora pico de las efervescentes feromonas, una vez más acudimos a sus demonios, que en realidad sólo son legiones de ángeles sin memoria. Navegamos en sus aguas reflejas. Volvemos a ser lo que somos, animales atrapados en las costuras de las más bajas pasiones. Después recobramos la mirada limpia. Esta suerte de conciencia ciudadana, de criterio ilustrado, de sadismo de uñas cortas. Volvemos a la compostura de los buenos días, las buenas noches, etc.