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18 ene 2012

POR EL DERECHO A LA LUJURIA


Se nos conceden todos los derechos. Derecho a vivir sin dignidad, derecho a morir dignamente. Derecho a llorar a solas. Derecho a reír a carcajadas en una esquina no muy concurrida de la razón. Derecho a la educación en el barrio obrero. Derecho a dormir en la calle. Pero no el simple derecho a pensar con morbo, sentado en el bus junto a una bella quinceañera recién bañada, todavía olorosa a jabón de motel barato.

Se nos han transformado todos los lugares de la imaginación y la fantasía en un libro de delitos y penas. Pronunciar la palabra derecho ya no es referirse  a la justicia, sino mencionar una indolencia de las palabras. Retórica oficial para hablar de cosas que no necesitan tener nombre para ser citadas. Disfrutamos de todos los absurdos civiles, salvo el noble derecho a la lujuria. Lujuria del alma y del espíritu. Lujuria de la carne sobre el hueso y el temblor del nervio. 

Nuestros legisladores han olvidado concedernos el derecho a la masturbación en horas no laborales. Derecho a oler las tangas lilas de Martha en ciclo lunar. Derecho a soñar con Andrea, atada a una cama de hierro con cadenas oxidadas, por cuyas junturas rueda su sangre confundida con una blanquecina saliva de olor de queso rancio. No cabe duda que tenemos derecho a todo en esta vida, salvo el transparente derecho a pensar con el dedo gordo del pie izquierdo.

10 oct 2011

DIOS CARECE DE DEMONIOS CREATIVOS



Dostoievski dejó dicho a través de un personaje de Iván Karamazov que sin Dios todo es posible. Es irrefutable que por medio de la bendición de Dios se justifica todo. Crímenes, aberraciones, malformaciones. Por fortuna, encerrado en una iglesia resulta mucho más rentable ese maldito, al menos para los hijos del verdinoso demonio impreso en los billetes.

Otros cuentan un cuento algo reforzado sobre dioses vagabundos, que suben montañas, lejos de monasterios. Otros más cuentan azules cuentos sobre dioses nobles y benevolentes, para pagos con tarjeta de crédito en línea. También hay dioses para casos perdidos, para expertos en armas de guerra, para fumadores de marihuana jamaiquina.

Las generaciones futuras, los escolares del mañana se preguntarán qué pasó con los benditos dioses de sus padres. Buscarán nuevos dioses, con todas las respuestas, para disminuir el impacto del azar entre los miembros de su congregación. Sobra repetir con los cabalistas y algebristas que Dios es una cifra imposible, un dispersor caótico. Por lo pronto, los artistas del mundo entero siguen invocando sus legiones de demonios creativos, su sello de agua dulce, su imposible marca de identidad. Aleluya!



30 sept 2011

EL HOMBRE DE SEGUNDA


Casi todo lo mío es de segunda. Me gusta comprar en los mercados de las pulgas, ejercer ese derecho espiritual. No en vano un poeta señaló que la derrota consiste en renunciar a revolcar las cenizas. Muchas cosas viejas tienen un olor superior al del incienso hindú, al de las rosas inmortalizadas, al del escote sudoroso de la cajera del supermercado cuando las puertas están a punto de cerrar y uno es el cliente del final de la cola.

¿Y acaso no son los subrayados la cualidad más importante de un libro de segunda? ¿No es más fácil leerlo en virtud de esas gratuitas claves ajenas? Baudelaire en hojas que se desprenden del lomo resulta más auténtico, más fiel a su posición estética. Y de paso, el gran Pollock es mejor que Pollock. Muchas veces he pensado que quizás el espacio que mejor me nombra es la gabardina de un detective muerto a tiros una noche de jueves. O una bufanda de un estudiante de filosofía que decidió deshacerse de ella, para no tener que colgarse del tubo de la ducha en el cuarto de baño.

Me gusta combinar esos legados de lo viejo con lo nuevo, lo conocido con lo menos conocido, en un rito con donaire teatral. Balanceo sin mucho criterio sus colores, texturas y aromas. No huyo del alarido de la moda que ha sabido caducar, lo acojo sobre mis huesos de ciertos calendarios. Después de todo, ya no soy el orgullo de mi gimnasio entre semana, mucho menos una escultura de piezas intercambiables abandonada en un garaje. 

Y otra cosa: la ropa de segunda tiene otra inmensa ventaja frente a la ropa nueva, de etiqueta con código de barras y precio por las nubes. Ocurre que uno se siente renovado, más dueño de sí mismo, lleno de libertad y frescura. Más confiado en sus dotes carnales. Una primera cita con ropa de segunda siempre me ha dado buenos frutos en el corto plazo... Al fin y al cabo, mis formas fantásticas de soñar siguen siendo las de un hombre de primera!

31 ago 2011

LA PARADOJA DE VINICIUS



Existen mujeres que son la ruta para llegar a otras mujeres. Todas lo son, pero algunas en mayor medida. Son como los avisos luminosos en la carretera cuando la niebla espesa. Ellas te guían los pasos, te libran de un precipicio para acaso enviarte a otro. Uno está junto a ellas, ríe a carcajadas, duerme con ellas. Más o menos conforme, pensando en la que ha de venir. Uno nunca les agradece a todas las anteriores, las que le abrieron el paso a su reina de la baraja. Tampoco hay mucho tiempo de volver a tratar el tema.

Hoy por hoy, el aroma de las relaciones amorosas es más bien de despedida. Lo dijo el poeta Vinicius de Moraes: el amor es eterno mientras dura. Uno lo presiente, a veces. El momento llega, cada quien dice adiós o no dice nada. No pocas veces resulta ser una referida de la anterior mujer, una paciente de su consultorio privado, una prima lejana de su media hermana. Una trigueña de bellas facciones y zapatos a la moda. Uno se precipita en esta nueva autopista, en esta otra mujer, tan definitiva, tan exacta. Llega en su momento, también se ha de marchar en su momento. Porque las cosas no suceden ni pronto ni tarde, sino cuando simplemente han de suceder.

Y uno vuelve al camino que anochece, observa las señales.

25 jul 2011

UNA ÑERA LLAMADA AMY WINEHOUSE



Hay mujeres horriblemente hermosas. Uno las mira, pero no las quiere poseer. Amy era una de ellas. Me impresionaban sus orejas de elfo, su sonrisa incompleta, su cicatriz de la ceja partida. Todas esas verdades callejeras en un solo rostro. Karmas tan bien asumidos. Y esos tatuajes grabados sobre una piel que nunca dejó de enflaquecer. Debo decir que sus presentaciones me obligaban a tener sueños raros, mitad pesadilla, mitad ensueño. Nunca logré descifrar el código de otra belleza. Belleza que, como en Rilke, se ubica en el peldaño anterior a lo terrible.

Ahora no me cabe menor duda. Amy confirma a la perfección la teoría de que las reglas se hicieron para ser violadas. Sin proponérselo, hizo suya esa frase de Iris: "Cuando no estoy drogada, no tengo a donde ir". Desde muy temprano supo que las musas no eran tan frecuentes con los humanos. Se hundió llevada por el peso de sus anillos de grandes piedras de colores. Se marchó a otro escenario con su intolerancia tan cierta y tan honesta. Hoy el mundo no llora la muerte de otro maniquí. Acaso la inexistencia de una forma de la disipación. Porque no era la diva, la estrella, la celebridad, sino la drogadicta con voz de contralto y facciones de puta enardecida por la música de las esferas.