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19 abr 2018

SIMBARULES





Los itinerarios de los gatos se dividen, en cuanto avanzan o retroceden. No son como los demás animales, que viven una única existencia, sin más posibilidades. Esto para no hablar de los desvalidos humanos. Los gatos necesitan ir más allá, arriesgar, jugar a arañarse la cara en los espejos y padecer otras muertes, otras muchas, como propias. Cada vez que una solterona muere, su gato sobrevive para contarlo a los fantasmas del sexo opuesto, asegurando su paso a la siguiente vida.

22 mar 2018

KAMASUTRA S.A.





El último libro que yo me llevaría a la isla desierta sería el Kamasutra, la novela inconclusa de ayer, hoy, pasado mañana. Punto final.

7 feb 2018

AMIGOS CON DERECHOS





Se da el tiempo de los amigos con derechos. Conoces a alguien, tienes sexo en tiempo real. Después, surge la azarosa amistad, con verbos conjugados en tiempo presente, con frases simples de sujeto y predicado. Una amistad sin dramas, sin momentos previsibles, sin celos clavando las uñas en la espalda. En esta clase de relación no existe la propiedad privada, las peleas de tragicomedia. Es como una película sin tiempos muertos. A la vez, sin segundas partes mediocres. 

Justo ahora sucede que Viviana me besa, a manera de despedida. Estamos en el Be Okey Hostel. Este beso me sabe a miel mostaza con papas a la francesa, bajadas con Coca-Cola fría. El viento sopla en el balcón, agitando la cortina de peces azules, grises y rojos. Los pasos de ella ya casi se van a perder entre el ciempiés de los pasos. Mañana será domingo. Ni siquiera contará entre los créditos finales su hermoso nombre: Viviana. Por lo pronto, los dos hacemos parte de un curioso cortometraje que miramos, a la vez que filmamos y actuamos. Una fotografía móvil, una ola que será borrada por otra ola en la arena. 

3 ene 2018

EL BARRIO ROJO DE AMSTERDAM




El Red Light District está de capa caída. No lo digo por esta exótica mesera senegalesa que atiende la barra del Café Remember, frente al Canal Achtergurgwal, en el número 81. Lo digo por la cantidad exagerada de vitrinas con letreros de SE ARRIENDA. Aquí las prostitutas rumanas hacen su agosto, pero sus carnes ya no estremecen de lujuria. Sirenas enlatadas. El museo de la prostitución no escandaliza a nadie, ni a los chinos. Tampoco el Sex Museum. Ni el museo de los condones. Los fumaderos de marihuana y las tiendas de vaporizadores no tienen nada que envidiarle a las ollas de las principales ciudades colombianas. La marihuana del Red Bull Coffee Shop es un ripio de hojas pasado por agua, de efecto placebo. Algo tan orgánicamente limpio para el cerebro como la ensalada que comen los Hareh Krishna. 

El Red Light District es un vecindario fresa, un sano parque de diversiones, una fábrica de euros contantes y sonantes. Lo hacen a costa de los payasos mirones como uno, de los viejos aprendices de aberrados, de los Bukowski en ciernes como uno. Y no es gratuito que, de vuelta al hotel de menos cuatro estrellas, uno se ponga a pensar seriamente en el barrio rojo de Bogotá. Al maravilloso y nunca bien ponderado Barrio Santafé apenas le hace falta un buen toque de extravagancia y glamour. O un señor alcalde, un buen funcionario que le meta empuje a su modernización arquitectónica y sanitaria, con reforma tributaria a bordo. Las chicas casi alegres están bien, su ropa interior está bien, sus sonrisas dulces están muy bien, sus zapatos de plataforma están casi bien... Les falta algo que los gringos expertos en mercadeo llaman lujuria de marca... Les falta, lo que se dice, una buena vitrina, tipo exportación... Para ponerlo en términos castizos: ¡Las bellas callejeras de nuestro barrio valen todo el oro de la posmodernidad! 







2 dic 2017

MEDIAS DE PUNTO...



Mi primer trabajo serio fue como administrador de un Tía... Una siniestra cadena de  supermercados... Unas cosas medio Art-Decó, medio baratillo de chinos, medio plaza de mercado, de mostradores de diseño horizontal... Un solo detalle salvaba ese ambiente tan denigrante: las bellas cajeras... Cajeras de 18 a 22 años, de medias de punto, compradas a precio de cajera titular... 

Las medias de punto siempre se iban por una precisa costura... Una mágica línea de la entrepierna... Más a menos a eso de las once de las mañana y a las cinco y veinte de la tarde, yo las oía maldecir... Se les iba otra línea... Era como un brote de mala hierba, a lo largo y ancho del almacén, aunque para mí era algo más como la flor de los abismos... Yo las veía levantar la entrepierna con una suerte de resignada violencia, mientras con el esmalte a media uña señalaban a su compañera: una línea divisoria entre el cielo y el infierno...

Ah! Yo adoraba, desde lo profundo de mi ser, tales gritos, injurias, improperios... Quiero decir: esa clase de menudas dramaturgias con el estómago vacío, ausentes de Brecht, Stanislawski, Michael Chejov... Todas esas chicas hermosas, sin excepción, se quejaban de estar gastando buena parte de su salario de hambre en medias de punto, vendidas en el mismo punto... 

Yo tragaba saliva, como un zombie  a medias... Me tocaba asumir mi puesto de administrador de un salario mínimo, vestido con un traje de paño de segunda... Como buen borgiano, me esforzaba por imaginar qué pensaba sobre el particular el buen Dios de Spinoza... Pero en la inefable noche de quincena, siempre acababa en el mismo motel de fachada de retal de mármol... A veces nos encontrábamos todos en la salida, felices los cuatro, los seis... Compartíamos el taxi hasta la Calle 19... Mi primer trabajo serio fue como administrador de una cosa donde vendían... medias de... P...U...N...T..O...

Y punto final.